Si hay un bocado capaz de transportarnos directos a las cocinas tradicionales y a los días de romería, ese es, sin duda, el de los bollos preñados con masa madre. Esta versión del clásico asturiano eleva el listón gracias al uso de la masa madre, que no solo aporta un aroma y un sabor con muchísima más personalidad, sino que mejora notablemente la textura de la miga y la conservación del bollo. Es el plan perfecto para encender el horno un fin de semana, disfrutar del proceso del amasado en casa y resolver una merienda o una cena informal que gustará a todos.
El gran secreto de estos bollos preñados reside en el contraste: una masa tierna, ligeramente enriquecida con mantequilla y leche, que contrasta a la perfección con la intensidad y el jugo que desprende el chorizo al hornearse. Al utilizar porciones individuales, se convierten en la opción ideal para llevar de excursión, compartir en una comida familiar o darte un capricho casero. Aunque trabajar con masa madre requiere respetar los tiempos de reposo y fermentación, el resultado final es infinitamente superior en digestibilidad y esponjosidad. Prepárate para llenar la cocina de un olor espectacular y disfrutar de un clásico que nunca falla.
Bollos Preñados con Masa Madre
Utensilios
- 1 Horno
Ingredientes
Para la masa
- 500 grs Harina de Fuerza
- 300 grs Leche
- 150 grs Masa Madre
- 100 grs Mantequilla
- 12 grs. Sal
Para el relleno y acabado
- 6 Choricitos barbacoa (de los pequeños)
- Harina para espolvorear por encima
Instrucciones
Preparación de la masa
- Amasado inicial y autólisis: En un bol grande, introduce la harina de fuerza, la leche, la masa madre y la sal (reserva la mantequilla para más adelante). Mezcla y amasa hasta que la masa quede bien ligada. Deja reposar durante 30 minutos para que el gluten empiece a desarrollarse.
- Integración de la mantequilla: Incorpora la mantequilla a la masa. Amasa con paciencia hasta que se integre por completo y obtengas una textura homogénea. Deja reposar durante 20 minutos y vuelve a dar un breve amasado rápido.
- Primera fermentación: Pasa la masa a la fermentadora configurada a 24 °C durante 1 hora y media. Si no dispones de este aparato, déjala en un bol tapado en el lugar más cálido de la casa.
- Porcionado: Divide la masa en porciones individuales de unos 80 gramos cada una. Bólalas ligeramente y déjalas reposar durante 15 minutos para que se relaje el gluten.
- Relleno y formado: Coge cada porción y, por la parte inferior, abre un poco la masa. Coloca en el centro la mitad de un choricito de barbacoa. Cierra el bollo firmemente llevando los bordes hacia el centro mediante pliegues para que no se abra. Colócalos en la bandeja, espolvorea un poco de harina por encima y déjalos reposar 15 minutos más.

Horneado
- Precalentado y preparación del vapor: Mientras los bollos hacen este último reposo, precalienta el horno a 220 °C con calor arriba y abajo. Coloca un cuenco metálico pequeño en la base del horno (vacío, sin agua de momento).
- Horneado con vapor: Introduce la bandeja de los bollos a media altura. En ese mismo instante, vierte un vaso de agua en el cuenco metálico para generar un golpe fuerte de vapor y cierra la puerta inmediatamente. Hornea a 220 °C durante los primeros 10 minutos.
- Final de la cocción: Pasados esos 10 minutos, abre la puerta del horno para dejar escapar el vapor y retira el cacharro metálico. Cierra y termina de hornear durante los 15 minutos restantes (completando un total de 25 minutos de horneado) hasta que estén dorados.
CONSEJOS
- El secreto del chorizo: Yo utilizo choricitos pequeños de barbacoa porque tienen el tamaño perfecto y, al cocinarse, sueltan esa grasita deliciosa que empapa la miga por dentro sin llegar a romper el bollo. Si usas un chorizo más grande, asegúrate de quitarle la piel y trocearlo bien. ¡Ah! Y un truco personal: si el chorizo es muy fresco, puedes darle un golpe ligero de sartén (sin aceite) antes de meterlo en la masa para que suelte el exceso de agua, aunque a mí me encanta ponerlos en crudo para que todo el jugo se quede atrapado en el pan.
- ¿No tienes fermentadora? No te preocupes: El tiempo de 1 hora y media a 24 °C es el ideal, pero si tu cocina es más fría, simplemente busca el rincón más cálido de la casa (cerca de un radiador apagado pero templado, o dentro del horno apagado con la luz encendida). Guíate siempre por el aspecto de la masa: tiene que verse hinchada, elástica y con vida, no te obsesiones tanto con el reloj.
- El truco del vapor (¡imprescindible!): No te saltes el paso del agua en el cuenco metálico. Ese golpe de vapor inicial es lo que permite que la masa crezca al máximo en el horno antes de que se forme la corteza. Si no pones vapor, el bollo se sellará antes de tiempo, la miga quedará más densa y es probable que se termine abriendo o agrietando por donde no debe.
- Conservación y congelación: Al llevar masa madre, estos bollos se conservan tiernos mucho mejor que los hechos con levadura comercial. Guárdalos en una bolsa de tela o una fiambrera hermética una vez que estén completamente fríos. Si te sobran, mi recomendación es que los congeles individualmente nada más enfriarse. El día que quieras consumirlos, les das un toque de horno o freidora de aire y parecerá que están recién hechos.